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Caracas, 23 de noviembre de 2009
Señor Embajador:
Tengo el honor de dirigirme a Su Excelencia, en nombre del
Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, en la
oportunidad de transmitir, para la debida consideración de
los Miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, la fuerte preocupación del Gobierno de Venezuela
sobre el conflicto armado colombiano el cual constituye, en
nuestra opinión, una seria amenaza para la paz y la
seguridad internacionales y me permito solicitarle que el
mismo forme parte de la agenda de trabajo del Consejo de
Seguridad.
Son claras las demostraciones del pueblo y Gobierno
venezolano a favor de la paz y la legalidad internacional,
cuya conducta se sustenta en una clara vocación pacifista y
solidaria, cimentada en el apego a las normas y principios
del derecho internacional público, consagrada en la Carta de
las Naciones Unidas y otros instrumentos jurídicos
internacionales relevantes.
Venezuela ha expresado de manera reiterada su preocupación
por el impacto del conflicto armado en Colombia sobre la paz
y estabilidad en la región. Este clima de enfrentamiento en
territorio colombiano se ha visto agudizado por la
aplicación por parte de las autoridades de ese país de una
política que privilegia, desde la perspectiva de la fuerza,
la vía militar para solucionar una situación de violencia
armada entre sectores de la sociedad de ese país que lleva
más de varias décadas y tiene su origen en un marcado cuadro
de desigualdad económica y social que aún persiste.
Su Excelencia
THOMAS MAYR-HARTING
Presidente del Consejo de Seguridad
Representante Permanente de Austria ante las Naciones Unidas
Organización de las Naciones Unidas
Nueva York.
El Gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías ha manifestado
de manera reiterada la necesidad de que las partes
involucradas en el conflicto armado colombiano logren una
solución política negociada al mismo. En tal sentido,
Venezuela, por solicitud de Colombia, participó como
facilitador del proceso que condujo a la liberación de
ciudadanos colombianos retenidos por las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, el pasado
año. Este esfuerzo de facilitación adelantado por el
Presidente Hugo Chávez Frías fue reconocido en una
Declaración Especial por el Movimiento de Países No
Alineados durante la Reunión Ministerial sobre Diversidad
Cultural y Derechos Humanos, celebrada en Teherán, República
Islámica de Irán, en septiembre de 2007.
La intensificación de las hostilidades entre las fuerzas
militares colombianas y los grupos armados irregulares en
ese país ha impactado de forma negativa a países vecinos con
secuelas de paramilitarismo, narcotráfico y otras
modalidades de crimen como el secuestro y el sicariato,
entre otros problemas.
Para Venezuela ha sido una constante preocupación cómo por
varias décadas nuestro pueblo hermano ha sido afectado por
un conflicto armado en cuyo desarrollo ha sido constante la
violación de los derechos humanos y la incapacidad de los
gobiernos colombianos de ejercer su autoridad sobre parte de
su territorio en manos de grupos irregulares, lo cual ha
originado innumerables incidentes en la frontera común con
la República Bolivariana de Venezuela ante la evidente
incapacidad del Estado colombiano de cumplir con su deber de
proteger a los ciudadanos que allí viven y de ejercer el
control de su territorio.
Venezuela, al igual que otros países vecinos de Colombia, ha
sido víctima del conflicto colombiano, el cual, en los
últimos años, se ha agravado producto de una política
guerrerista impulsada por el Gobierno del Presidente Álvaro
Uribe Vélez que, lejos de llevar la paz a todo el territorio
colombiano, ha violado de forma flagrante las normas del
derecho internacional y del derecho internacional
humanitario.
Es de hacer notar, que en el conflicto armado que se
desarrolla en Colombia se han dado violaciones sistemáticas,
flagrantes y generalizadas del derecho internacional
aplicable y de los derechos humanos que superan de forma
ostensible las situaciones de conflicto armado que
lamentablemente atraviesan otros Estados miembros de la
Organización de las Naciones Unidas, y que sí forman parte
de la agenda del Consejo de Seguridad.
Sólo en materia de desplazados internos para el año 2007, en
el numeral 6 de la página 02 del documento intitulado“Informe
del Secretario General sobre la Protección de Civiles en
conflictos armados” de fecha 28/10/07 (Documento
S/2007/643), presentado a la Asamblea General de la
Organización de las Naciones Unidas, por Su Excelencia Ban
Ki Moon, Secretario General de esta organización, se hizo
una mención precisa del número de desplazados internos
producto de los distintos conflictos a nivel mundial, el
cual alcanzaba para ese año unos 24,5 millones de
desplazados.
De esta cifra llama la atención cómo la República de
Colombia fue superada en el 2007 sólo por Iraq y por
Sudán/Darfur, cuando alcanzó una cifra de 2.100.000
desplazados internos y se ubicó por encima de Somalia,
República Centroafricana, Chad y Afganistán en cuanto al
número total de desplazados obtenido de la sumatoria de los
desplazados internos de esos cuatro países, que fue de
1.714.000. (ver anexo 01).
Para el año 2009, en el párrafo 14 del “Informe
del Secretario General sobre los niños y el conflicto armado
en Colombia”, (Documento S/2009/434) del 28/08/09, el
Secretario General señaló que su representante para la
cuestión de los derechos humanos de los desplazados internos
“ha advertido que la situación en Colombia es una de las
más graves, ya que el país cuenta con la segunda población
de desplazados internos más numerosa del mundo. Según el
Alto Consejero Presidencial para la Acción Social de
Colombia, desde 1997 hasta diciembre de 2008 se vieron
desplazadas 2.935.832 personas, más de 1 millón de las
cuales eran niños.”
Adicionalmente cabe agregar que, la producción y
comercialización de drogas ilícitas en Colombia se ha
agravado en los últimos años hasta el punto que se ha
constituido en una clara amenaza para la seguridad y
estabilidad regional. En efecto, tal y como lo señala el
párrafo 04 del “Informe del Secretario General sobre los
niños y el conflicto armado en Colombia” (Documento
S/2009/434) del 28/08/09, “un 60 % de la producción
mundial de cocaína tiene su origen en Colombia”.
El narcotráfico ha penetrado lo más profundo del Estado
colombiano. Así, las vinculaciones políticas e influencia
que los cárteles tienen en Colombia alcanzan magnitudes
insospechadas. En efecto, tal y como ha quedado señalado en
el párrafo 03 del Documento S/2009/434 del 28/08/09, “los casi 50 años de conflicto ininterrumpido y la
existencia de poderosos cárteles de narcotraficantes
constituyen un grave impedimento para la gobernanza y el
respeto de los derechos humanos.
Esta situación ha repercutido considerablemente en la
seguridad de la población y en la situación humanitaria en
general.”
La Fiscalía General de Colombia ha venido realizando una
investigación que coloca en duda la legitimidad del Congreso
de ese país debido al creciente número de congresistas
implicados directamente con paramilitares y el narcotráfico.
Para el año 2005
en vísperas de las elecciones parlamentarias de 2006,
surgieron informaciones sobre la presencia de allegados al
paramilitarismo en las listas de partidos que apoyaban al
presidente Uribe. Instalado el nuevo Congreso, el propio
Salvatore Mancuso, uno de los más poderosos líderes del
paramilitarismo, una vez desmovilizado, aseguró que un 35
por ciento de los congresistas “eran amigos” de su criminal
organización.
El entonces director del Departamento Administrativo de
Seguridad (DAS), Jorge Noguera, fue acusado de haber puesto
ese organismo al servicio de los paramilitares. Noguera
había sido jefe de campaña del hoy Presidente Álvaro Uribe
en el Magdalena. Forzado a renunciar por la aparición de
informaciones comprometedoras, Noguera fue nombrado Cónsul
en Milán, pero las acusaciones en su contra seguían. El ex
director del DAS regresó a Bogotá y fue capturado en febrero
de 2007 sindicado de concierto para delinquir, colaborar y
suministrar información a los paramilitares. Los
paramilitares han infiltrado el sistema político colombiano,
las instituciones colombianas atraviesan una profunda crisis
de legitimidad.
A diferencia de lo que ocurre en Colombia, los logros de
Venezuela en la lucha contra el narcotráfico son
internacionalmente reconocidos. Venezuela tiene programas de
cooperación antidrogas con 37 países, incluyendo Francia,
España y Portugal. El éxito de la lucha contra las drogas en
Venezuela ha sido reconocido por la Organización de Estados
Americanos (OEA) y por la Policía Criminal Internacional
(INTERPOL). De acuerdo al Informe de la Oficina de las
Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen de 2009,
Venezuela es el segundo país de Suramérica con más
incautaciones de droga, habiendo aumentado en un 35% sus
incautaciones de cocaína. Como se sabe, Colombia es el
principal productor de cocaína en el mundo. Un comercio del
cual se benefician también estamentos militares y políticos
de Colombia.
Desde enero hasta septiembre de 2009, el Gobierno
venezolano detuvo 4,490 individuos por crímenes relacionados
al tráfico de drogas. De éstos, 4219 son ciudadanos
venezolanos y 271 son ciudadanos extranjeros. Dada la
extensa cooperación que existe entre Venezuela y otros
países en el combate contra la droga, 20 ciudadanos
extranjeros han sido extraditados este año, hasta el 13 de
agosto. De ellos 10 son colombianos.
La eficacia del Plan Colombia en el combate a las drogas, en
cambio, ha sido duramente cuestionada. La Oficina de
Contraloría de los Estados Unidos (Accountability Office) ha
notado que “La meta del Plan Colombia de reducir el
cultivo, procesamiento y distribución ilegal de narcóticos,
atacando los cultivos de coca no ha sido alcanzada.” El
Plan Colombia no ha producido una disminución en el cultivo
de coca o la producción de cocaína, por el contrario, la ha
aumentado.
El pasado 19 de noviembre de 2009, Colombia acusó de forma
desesperada a Venezuela por la voladura de dos supuestos
puentes peatonales fronterizos. Nuestro Gobierno
rechaza estos infundiosos señalamientos del Gobierno de
Colombia, Venezuela procedió a la destrucción de pasarelas
ilegales utilizadas fundamentalmente para el tráfico de
drogas, el contrabando, especialmente de combustible y otras
actividades ilícitas. No se trataba de puentes binacionales,
ni estructuras de construcción formal autorizadas por ambos
países, y fueron derribadas del lado venezolano, sin violar
el territorio colombiano.
Este tipo de medidas es común en la estrategia contra el
tráfico de drogas aplicada por todos los países del mundo.
Sólo Gobiernos que no tienen la capacidad de ejercer
autoridad sobre parte de su territorio y que han sido
cooptados por el narcotráfico, pueden criticar públicamente
las acciones legitimas que en pleno cumplimiento de sus
atribuciones como Estado y en contra de actividades ilícitas
en sus fronteras realizan otros países.
Con estas denuncias tergiversadas, el Gobierno de Colombia
trata de ocultar y descontextualizar el hecho real de la
instalación de las bases militares estadounidenses en su
territorio. La estrategia de desinformar y generar alarma
solo persigue desviar la atención sobre el verdadero
problema que constituye la clara cesión de competencias
propias del Estado colombiano a los Estados Unidos por parte
del gobierno del Presidente Álvaro Uribe, convirtiendo a
Colombia en la base de operaciones de la estrategia regional
estadounidense de dominación y control sobre los países de
América del Sur.
Los
gobiernos de América del Sur han manifestado, por primera
vez en la historia, su preocupación por la firma de un
convenio militar bilateral. En la Cumbre de la Unión de
Naciones Suramericanas (UNASUR), realizada en Bariloche, el
28 de agosto de 2009, los Jefes de Estado y de Gobierno
expresaron, refiriéndose al Acuerdo entre Colombia y los
Estados Unidos, “La presencia de fuerzas militares
extranjeras no puede, con sus medios y recursos vinculados a
objetivos propicios, amenazar la soberanía e integridad de
cualquier nación suramericana y en consecuencia la paz y la
seguridad en la región”.
Venezuela desea recordar que las disposiciones del derecho
internacional humanitario y las normas de derechos humanos
establecen que los niños afectados por un conflicto armado
tienen derecho a ser tratados con especial respeto y a
recibir cuidados y protección, incluso contra todas las
formas de violencia y explotación sexuales. Según el
Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, las
violaciones y otras formas de violencia sexual también
constituyen crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad
cuando se cometen como parte de ataques generalizados o
sistemáticos contra la población.
La Resolución 1894 (2009) de fecha 11/11/09 del
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas establece en su
párrafo operativo tercero “que los ataques dirigidos
deliberada y específicamente contra civiles y otras personas
protegidas y la comisión de infracciones sistemáticas,
manifiestas y generalizadas de las disposiciones aplicables
del derecho internacional humanitario y las normas de
derechos humanos en situaciones de conflicto armado pueden
constituir una amenaza para la paz y la seguridad
internacionales, y reafirma a este respecto que está
dispuesto a examinar esas situaciones y, cuando sea
necesario, adoptar las medidas apropiadas;”
Esta Resolución orienta al Consejo de Seguridad a examinar
las situaciones existentes y, cuando sea necesario, a
adoptar las medidas apropiadas, destacando que no establece
como condición la tipificación o no como conflicto armado a
la luz de las convenciones de Ginebra de 1949 y sus
protocolos adicionales, lo que equivale a decir, que el
Consejo de Seguridad debe abocarse a estudiar la grave
situación que representa el conflicto armado que atraviesa
Colombia desde hace casi 50 años, así como sus repercusiones
para la seguridad regional y para la paz y la seguridad
internacionales.
Evidencias de la grave crisis humanitaria que vive Colombia
como consecuencia de su conflicto armado, las podemos
encontrar en documentos oficiales de la Organización de las
Naciones Unidas, entre los cuales destacan:
1. “Los Niños y los Conflictos Armados: Informe del
Secretario General
(Documento A/63/785 - S/2009/158): (el subrayado
es nuestro)
Este Informe fue preparado por el Secretario General por
pedido del Consejo de Seguridad, de conformidad con lo
dispuesto en la Declaración de la Presidencia del Consejo
S/PRST/2008/6, en donde se le solicitó al Secretario General
que presentara un informe sobre la aplicación de sus
resoluciones 1612 (2005), 1261 (1999), 1314 (2000), 1379
(2001), 1460 (2003) y 1539 (2004). (El subrayado es
nuestro)
Párrafo 114. “Las Naciones Unidas recibieron información
fidedigna sobre la utilización de niños por miembros de las
fuerzas de seguridad para fines de inteligencia, a pesar
de que esto contraviene la política del Gobierno. El
Ministerio de Defensa Nacional emitió tres directivas por
las que prohibía esta práctica, de conformidad con el Código
de la Infancia y la Adolescencia. En febrero de 2008 se
informó de que la policía había utilizado a un niño de 12
años como informante en el departamento del Valle del Cauca.
En consecuencia, el niño recibió amenazas de muerte de las
FARC-EP y fue muerto en diciembre de 2008. También en
febrero se supo que miembros del Ejército y de la Policía
Nacional solicitaban información a niños de las comunidades
rurales de El Carmen de Atrato y Quibdo, en el departamento
del Chocó, sobre el paradero de grupos de guerrilleros y la
identidad de sus miembros.”
Párrafo 116. “Las Naciones Unidas recogieron información
fidedigna sobre casos de ejecuciones extrajudiciales de
niños. En enero de 2008, un menor de 17 años desapareció del
municipio de Soacha, cerca de Bogotá y un día después las
Fuerzas Militares lo declararon “muerto en combate” en el
departamento del Norte de Santander, ubicado en la frontera
con la República Bolivariana de Venezuela. Un caso
similar se dio con un niño del municipio de Gamarra, en el
departamento del Cesar, en agosto de 2008.”
Párrafo 117. “Según el Auto No. 092 emitido por la Corte
Constitucional de Colombia en abril de 2008, ha aumentado la
incidencia de actos de violencia sexual contra niñas. Entre
los autores figuran miembros de grupos armados ilegales y de
las Fuerzas Militares. La Fiscalía General ha iniciado
investigaciones y, para diciembre de 2008, se había
condenado a algunas personas.”
2. “Informe del Secretario General sobre los Niños y el
conflicto armado en Colombia” (Documento S/2009/434):
(El subrayado es nuestro)
Este informe abarca el período comprendido entre enero y
diciembre de 2008, ofrece información sobre las graves
violaciones de que son objeto los niños, como muertes y
mutilaciones, reclutamiento y utilización por fuerzas y
grupos armados, secuestros, actos de violencia sexual,
ataques contra escuelas y hospitales y denegación de acceso
humanitario, y se hace hincapié en que es
prioritario luchar contra la impunidad de estas graves
violaciones.
Párrafo 12.
“Se
han atribuido graves violaciones de los derechos de los
niños a todas las partes en el conflicto, pero
principalmente a los grupos armados ilegales. Estos grupos
continúan reclutando a niños, cometiendo delitos de
violencia sexual contra mujeres y niñas, matando a civiles,
colocando minas antipersonal y llevando a cabo secuestros.
También se ha tenido conocimiento de violaciones cometidas
por oficiales de las Fuerzas Militares de Colombia,
lo que contraviene claramente la política del
Gobierno.”
Párrafo 23.
“In (sic) 2006, el Comité de los Derechos del Niño
expresó su preocupación por la utilización de niños por las
Fuerzas Militares de Colombia para actividades de
inteligencia. El Ministerio de Defensa ha
publicado tres directivas por las que se prohíbe esta
práctica a todos los miembros de las Fuerzas Militares, pese
a lo cual siguen registrándose incidentes. En febrero de
2008 se informó de que la Policía Nacional había utilizado a
un niño de 12 años como informante en el departamento del
Valle del Cauca. Posteriormente, el niño recibió amenazas de
muerte de las FARC-EP y en diciembre de 2008 fue asesinado
por un agresor desconocido.”
Párrafo 33.
“Las minas antipersonal y las municiones sin detonar han
tenido consecuencias graves para la población civil,
incluidos los niños. Según el informe titulado Landmine
Monitor Report 2007, el número de personas muertas o
heridas en Colombia como consecuencia de los restos
explosivos de guerra fue el más alto del mundo entre 2005 y
2007. Según el Programa Presidencial para la Acción Integral
contra Minas, el número de víctimas entre 1990 y 2008
ascendió a un total de 7.515, de las que 722 eran niños.
Según esa misma fuente, en 2008 murieron 14 niños (4 niñas y
10 niños) y resultaron heridos 32 (5 niñas y 27 niños) a
consecuencia de esos artefactos. En enero, en el municipio
de Palmira, Departamento del Valle del Cauca, una mujer y su
hija de 9 meses murieron al pisar una mina antipersonal; la
mujer estaba embarazada de 5 meses. En junio, en el
municipio de Samaniego, departamento de Nariño, 3 niños
varones de 12, 14 y 16 años de edad murieron al activar
accidentalmente una mina antipersonal. En julio, en el
departamento de Bolívar, tres niños sufrieron heridas de
gravedad, entre ellos una niña de 9 años que perdió una
pierna.”
Párrafo 39.
“Según la información proporcionada por el Instituto
Nacional de Medicinal Legal y Ciencias Forenses, en el
período que se examina 5 niñas y 3 niños fueron víctimas de
actos de violencia sexual presuntamente cometidos por las
Fuerzas Militares,
y 18 niñas y 1 niño de actos supuestamente cometidos por
miembros de la Policía Nacional. También se ha reunido
información sobre el caso de dos soldados que presuntamente
violaron a una mujer y a su sobrina de 13 años en el
departamento de Antioquia en noviembre de 2008.
Párrafo 42.
“Los niños continúan siendo víctimas de las desapariciones
forzadas.
Desde 2006, la Fiscalía General ha encontrado en sepulturas
clandestinas los cadáveres de 109 niños, casi todos ellos
víctimas de los grupos paramilitares. La Fiscalía General
está investigando también 1.636 casos de niños desaparecidos
desde 2000, 187 de ellos en 2008.
Párrafo 48. “Las restricciones del acceso humanitario debido a las
actividades de las partes en el conflicto ponen en peligro
la prestación de asistencia humanitaria y los niños sufren
las consecuencias. La presencia de minas antipersonal y
de municiones sin detonar no solo dificulta enormemente la
circulación de la población, sino también el acceso de los
agentes humanitarios a ella.”
Párrafo 49.
“En el período que se examina también se han producido
ataques contra el personal humanitario. Según el Comité
Internacional de la Cruz Roja, los ataques contra
misiones médicas aumentaron de 23 en 2007 a 35 en 2008.”
Párrafo 50.
“Los enfrentamientos entre los grupos armados ilegales y
las Fuerzas Militares de Colombia también limitan el acceso
humanitario y el abastecimiento de artículos de primera
necesidad.”
Párrafo 51. “También se recibió información sobre las restricciones
de acceso a determinadas aldeas o municipios impuestas por
las Fuerzas Militares, incluidas las relativas a la
circulación de personas y de artículos como alimentos,
medicamentos y combustible, como parte de la estrategia de
lucha contra los grupos armados ilegales. Por
ejemplo, desde enero de 2008, las Fuerzas Militares limitan
el paso de artículos de primera necesidad a varias aldeas
del término municipal de El Dovio, departamento del Valle
del Cauca. La Defensoría del Pueblo confirmó que en mayo de
2008 se habían impuesto restricciones similares en el
departamento de Vaupés.”
El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela desea
recordar a los Miembros del Consejo de Seguridad que ha
sido el Gobierno de la República de Colombia el que, de
forma flagrante, ha concretado amenazas a la paz y la
seguridad internacionales en abierta contradicción con el
principio del derecho internacional, contenido en el numeral
4 del artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas,
según el cual los Estados, en sus relaciones
internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al
uso de la fuerza contra la integridad territorial o la
independencia política de cualquier Estado, o en cualquier
otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones
Unidas. Ello ocurrió cuando en marzo de 2008 ejecutó una
incursión armada en el territorio de la República del
Ecuador violando la integridad territorial de esa nación
hermana.
Esta acción ilegal puso de relieve la política belicista
promovida por el gobierno del Presidente Álvaro Uribe, la
cual ha hecho de la noción del ataque preventivo -promovida
por el ex Presidente George W. Bush-, parte fundamental de
su doctrina de seguridad y defensa.
La agresión militar colombiana contra la República del
Ecuador fue condenada por los países de la región, entre
ellos, la República Bolivariana de Venezuela, al constatarse
la violación flagrante de normas y principios del derecho
internacional; así como la Resolución 2625 (XXV) de la
Asamblea General de las Naciones Unidas, intitulada
“Declaración sobre los principios de derecho internacional
referentes a las relaciones de amistad y a la cooperación
entre los Estados, de conformidad con la Carta de las
Naciones Unidas”.
La denuncia ecuatoriana sobre la violación de la soberanía
e integridad territorial quedó recogida en el Documento
S/2008/146 del Consejo de Seguridad.
El rechazo unánime a dicha incursión militar obligó al
Presidente Uribe, en un acto de contrición público y oficial
en el marco de la XX Cumbre del Grupo de Río, celebrada en
Santo Domingo, República Dominicana, el 7 de marzo de 2008,
a comprometerse a que su país no volvería a llevar adelante
una acción militar guerrerista contra país alguno del
continente americano, pronunciamiento éste del cual los
miembros de ese mecanismo tomaron nota de las plenas
disculpas que el Jefe de Estado colombiano ofreció al
Gobierno y al pueblo del Ecuador, por la violación del
territorio y la soberanía de esta hermana nación, perpetrada
por fuerzas militares de Colombia.
El clima de confianza en la región que se había venido
restableciendo tras los arreglos alcanzados en la XX Cumbre
del Grupo de Río se ha visto afectado luego de los anuncios
y posterior firma del “Acuerdo Complementario para la
Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad”
Colombia y los Estados Unidos, sobre el establecimiento de
siete bases militares estadounidenses en territorio
colombiano. El anunciado despliegue de fuerzas
estadounidenses en Colombia en el marco de ese acuerdo de
cooperación ha generado preocupación entre los miembros de
la UNASUR, los cuales, de manera legítima, han advertido
sobre los riesgos y amenazas que las mismas plantean para la
paz, estabilidad y equilibrio militar de la región.
Sobre la base de una lógica perversa, el Presidente Álvaro
Uribe y su equipo de gobierno, pretenden trasladar sus
responsabilidades en el manejo del conflicto armado a otros
Estados vecinos, como Venezuela, el cual como se ha señalado
es víctima de las actividades del narcotráfico,
paramilitarismo, sicariato y secuestro, generadas por la
intensificación de las hostilidades con grupos armados al
interior del territorio colombiano.
Como es bien conocido, el Estado colombiano al privilegiar
la seguridad de sus áreas urbanas, principalmente las
grandes ciudades, abandonó la custodia y protección de sus
fronteras, situación ésta que fue aprovechada por los grupos
armados para ejercer el control de dichos espacios y, por
ende, el desarrollo de actividades criminales con incidencia
sobre terceros países.
Este amplio y desproporcionado despliegue militar
estadounidense en suelo colombiano intenta justificarse bajo
un esfuerzo bilateral de lucha contra el narcotráfico y el
terrorismo. Estos argumentos son falsos y no disipan las
dudas e inquietudes que tienen los países de la región
suramericana sobre estas bases militares, percibidas en
términos de amenaza debido a la magnitud del programa que se
pondrá en práctica con la instalación de equipos para la
guerra electrónica, efectivos militares y personal de
empresas contratistas de seguridad. El fortalecimiento de la
presencia militar de los Estados Unidos está orientado a
proyectar su poder global para disuadir bajo la amenaza de
intervenciones militares a países que mantienen una posición
crítica en relación con su política imperialista.
Estos lineamientos estratégicos se reiteran en el documento
de justificación del financiamiento del proyecto de la Base
Militar de Palanquero del Departamento de la Fuerza Aérea de
los Estados Unidos, en el cual se solicitaron y aprobaron en
mayo 2009, 46.000.000 de dólares estadounidenses para
construir lo que denomina “Lugar de Cooperación en
Seguridad” y mejorar las instalaciones en Palanquero. La
partida está incluida en el Capítulo de: “Posicionamiento de
Defensa Global”, en el que se explica la estrategia de
Estados Unidos a la hora de ubicar personal y bases
militares en el extranjero.
El Documento del Programa de Construcción Militar del
Departamento de la Fuerza Aérea de los EEUU de mayo de 2009
refiere como Datos de Justificación entregados al Congreso
de ese país los siguientes:
“…mejorará la capacidad de EEUU para responder rápidamente a
una crisis, asegurando el acceso regional y la presencia
militar estadounidense con un costo bajo. Una presencia
también incrementará nuestra capacidad de conducir
operaciones de Inteligencia, Espionaje y Reconocimiento
(ISR), mejorará el alcance global, apoyará los requisitos de
logística, mejorará las relaciones con socios, mejorará la
cooperación de teatros de seguridad y aumentará nuestras
capacidades de guerra expedita”.
“…La fuerte relación de cooperación en seguridad también
ofrece una oportunidad para conducir operaciones de espectro
completo por toda Suramérica. (…) La intención es utilizar
la infraestructura existente al máximo posible, mejorar la
capacidad de EEUU para responder rápidamente a una crisis, y
asegurar el acceso regional y la presencia estadounidense
con un costo mínimo. Palanquero ayuda con la misión de
movilidad porque garantiza el acceso a todo el continente de
Suramérica con la excepción de Cabo de Hornos”.
Contrario al discurso que ha promovido Colombia respecto a
que la vía militar –incluyendo el acceso irrestricto a bases
por parte de militares estadounidenses - conducirá
indefectiblemente a la finalización del conflicto armado, el
Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela estima que
la intensificación de las operaciones militares generará una
situación de mayor violencia armada que potenciará la
diáspora colombiana de desplazados hacia muchos países del
mundo, en particular, hacia los Estados vecinos.
Las acusaciones contra Venezuela de armamentismo no pueden
ser más falaces. Sólo el 1,1% del Producto Interno Bruto de
Venezuela se dedica a la modernización de equipos militares,
por debajo del promedio regional de 1,7%, y muy
significativamente por debajo del 5,7% de Colombia. En
contraste, el Gobierno de Venezuela dedicará 45,7% del
presupuesto de la Nación para 2010, a la inversión social, a
la reducción de la pobreza y a la mejora de la calidad de
vida de los venezolanos. Venezuela ya ha superado la meta
del milenio de reducción de la pobreza extrema y, de acuerdo
a la Comisión de las Naciones Unidas para América Latina y
el Caribe (CEPAL), es el país de la región que ha avanzado
más en la reducción de la desigualdad.
Consciente de que la paz de Colombia es la paz de América
Latina, tal como lo ha expresado el Presidente Hugo Chávez
Frías, el Gobierno venezolano ha reiterado la necesidad de
que se llegue a una solución política negociada que conduzca
a la superación de este conflicto armado que ha provocado a
lo largo de más de cuatro décadas un elevado número de
víctimas.
En el marco de su prédica belicista, el Gobierno del
Presidente Álvaro Uribe concibe la seguridad de su país en
términos absolutos provocando, en consecuencia, inseguridad
sobre los Estados vecinos. El establecimiento de las bases
militares estadounidenses en suelo colombiano y la continua
asistencia militar que los Estados Unidos ha venido
brindando a Colombia desde 2001, ha acentuado los dilemas de
seguridad en la región suramericana y creado desequilibrios
en la correlación de fuerzas a nivel subregional producto de
la carrera armamentista desatada por las autoridades del
Palacio de Nariño, con el apoyo del Gobierno estadounidense.
Por tal motivo, el Gobierno de la República Bolivariana de
Venezuela, al reiterar una vez más su vocación pacifista y
respeto irrestricto a los
principios y normas del derecho internacional que rigen las
relaciones de amistad y de cooperación entre los Estados,
contenidos en la Carta de las Naciones Unidas y demás
instrumentos aplicables,
desea significar que continuará atento al desarrollo del
conflicto armado que ocurre en la República de Colombia y a
las posibles consecuencias que el establecimiento de bases
militares extranjeras en ese país ocasione para la seguridad
de Venezuela y de la región, tomando las medidas que sean
necesarias para salvaguardar, dentro del orden jurídico
legítimamente establecido y con total apego a la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la
seguridad de la Nación, la paz y el bienestar del pueblo
venezolano.
Sobre el particular, señor Presidente, al estimar en virtud
de los argumentos expuestos que
el conflicto armado colombiano constituye una seria amenaza
para la paz y la seguridad internacionales, me permito
solicitarle que el mismo forme parte de la agenda de trabajo
del Consejo de Seguridad. En igual sentido, mucho
agradeceré se sirva disponer que la presente carta sea
distribuida como documento del Consejo de Seguridad.
Sin más a que hacer referencia aprovecho la oportunidad para
reiterar a Su Excelencia las seguridades de mi más alta
estima y consideración
NICOLÁS MADURO MOROS
Ministro del Poder Popular para Relaciones Exteriores
ANEXO 01
|
INFORMES DEL SECRETARIO GENERAL (S/2007/643)
2007 |
|
|
País |
Número de Desplazados Internos |
Observaciones |
|
|
Iraq |
2.200.000 |
Tema del Consejo de Seguridad |
|
|
Sudán
/ Darfur |
2.200.000 |
Tema del Consejo de Seguridad |
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Colombia |
2.100.000 |
No es tema del Consejo de Seguridad |
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Somalia |
1.200.000 |
Tema del Consejo de Seguridad |
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República Centroafricana |
300.000 |
Tema del Consejo de Seguridad |
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Chad |
170.000 |
Tema del Consejo de Seguridad |
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Afganistán |
44.000 |
Tema del Consejo de Seguridad |
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Fuente:
Elaboración propia sobre la base de las cifras presentadas
en el
Documento S/2007/643 del Consejo de Seguridad. |